La migración: entre naturaleza humana y patología estatal

La migración: entre naturaleza humana y patología estatal

Por: Aurelio Ochoa

La discusión filosófica de la naturaleza humana se ha reducido a debatir sobre su existencia; es decir, no hay un acuerdo sobre si hay algo intrínseco al ser humano o si todo es aprendido y definido por nuestro contexto. Si existe tal concepto como la naturaleza humana tiene que definirse por una acción, proceso o juicio que haya estado presente en cada etapa de la especie, entonces ¿Porqué no pensar en migración? Proceso que ha estado en cada etapa de la especie y que acompaña inequívocamente el desarrollo histórico del ser humano.

Desde que nuestro modo de vida era nómada, la migración se puede entender indivisible al ser humano. Aún cuando hoy no nos desenvolvemos en dicho modo de vida, no existe momento histórico que no sea atravesado por un fenómeno migratorio, las personas libremente o por coerción han de moverse. La normalidad de ello choca con la especial negativa que compone en el imaginario hoy sobre la migración; si bien varios movimientos (temporales) son bien vistos como viajes por trabajo o simples vacaciones, la migración en general ya acarrea una connotación negativa en el migrante y para los territorios.

Si tendríamos que definir un punto de inflexión teórico en el que la migración se configura como un problema para las sociedades, no podría ser otra que la revolución industrial. En este momento histórico, la migración vuelve a la lógica nómada que habíamos superado: la gente debe moverse (a las urbes o centros fabriles) simplemente para sobrevivir. La domesticación de plantas y/o animales no se entiende suficiente para el devenir del ser humano y es un empleo lo que se define como la necesidad de vida de aquí en adelante.

Entonces la duda queda en cómo se ha tratado el tema de migración por el sistema dominante; la duda queda porque principalmente no se ha tratado. La doctrina liberal, aún consciente de generar brechas y desigualdades estructurales, confronta la migración cuando atenta contra la economía de mercado o significa una amenaza en este sentido. El liberalismo ha de aumentar un peso organizativo al Estado, mantener su mercancía humana en su territorio.

Un referente de la doctrina dicha, Milton Friedman, deja una cita que puede aclarar un poco el panorama de la migración para la economía de mercado “De la inmigración mientras menos se hable, mejor”. Entendiendo que, en las cadenas de producción y consumo establecidos naturalmente habrán países céntricos y países periféricos; que los grandes ganadores del sistema existan conlleva que hayan grandes perdedores y que este desarrollo definirá la calidad (incluso posibilidad) de vida. Queda claro que la libertad de decisión de la movilidad no sería lo mejor para la cadena de producción, la coerción se muestra el camino en este punto para mitigar la migración.

Un sistema actual que define nuestra capacidad de movernos y que garantiza esto por la coerción de los Estados no solo parece violento en su génesis, sino que también se presenta como una negativa a la naturaleza humana. La coerción de las estructuras estatales busca mantener un sistema económico por sobre defender, no solo derechos, sino lo natural de todos nosotros. Es hablando de migración y sin colocarla como una patología del Estado, que hoy se puede revertir este largo camino y volver a apropiarnos de nuestra naturaleza.

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