Violencia a personas LGBTIQ+ durante la emergencia sanitaria

Violencia a personas LGBTIQ+ durante la emergencia sanitaria

La pandemia causada por COVID-19, ha desatado una crisis a nivel mundial. Durante este periodo se han agudizado otros problemas preexistentes como la violencia de género. Esta es catalogada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como “la otra pandemia”, en razón de su alta incidencia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se estima que una de cada tres mujeres en el mundo han sufrido violencia machista y menos del 40% han buscado ayuda de algún tipo o han denunciado el hecho.

Si bien, las mujeres y las niñas constituyen el mayor número de víctimas, las personas de la población LGBTIQ+ también experimentan situaciones de discriminación, rechazo y violencia basada en género. Entre 2014 y 2019 se registraron más de 1300 asesinatos a personas LGBTIQ+ en América Latina y el Caribe, lo que equivale a un promedio de cuatro personas por día. En Ecuador, la situación no es distinta; según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC, en el 2013, se concluyó que el 70.9% de la población LGBTIQ+ entrevistada había sufrido discriminación en su entorno familiar.

Esta realidad se ha incrementado en el marco de la emergencia sanitaria generada por la pandemia del COVID-19. El confinamiento, medida de protección adoptada por varios países en todo el mundo, ha elevado el riesgo al que están expuestos grupos históricamente discriminados. En muchos casos, esta situación se agrava por el contexto y el cruce de otras categorías sociales como la nacionalidad, la etnia, la edad, entre otras. 

En términos generales, el aislamiento social ha provocado cambios en las dinámicas cotidianas y en las relaciones. La tensión y el estrés se han activado debido a la preocupación latente de contagio o la imposibilidad de cubrir necesidades materiales básicas como la alimentación y la vivienda. Las reacciones de miedo y apatía también se han hecho presentes a causa de una constante sensación de incertidumbre, además de que la limitación de la movilidad ha condicionado el contacto con seres queridos.

En medio de todos estos cambios y reacciones, la violencia ha aumentado pero ha pasado por desapercibida.  Antes de la pandemia, uno de los principales espacios de riesgo era el hogar. Como se ha hecho evidente en varios estudios, este se constituye como uno de los lugares donde existe un alto número de situaciones de discriminación y violencia para las personas LGBTIQ+. Los episodios de riesgo en el entorno familiar pueden generar expulsión o abandono del hogar y, debido al aislamiento, esto aumenta la vulnerabilidad.

De igual forma, las personas LGBTIQ+ que ejercen trabajo sexual en las calles están vinculadas a otros peligros. Las más afectadas son la mujeres trans quienes se han visto obligadas a precarizar sus condiciones de vida, por la imposibilidad de realizar esta actividad como lo hacían habitualmente. Frente a esta realidad, varias de ellas han optado por regresar a las calles incrementando así las probabilidades de contagio y otras situaciones de violencia debido al contexto inseguro en el que por lo general habitan. 

Estas violencias terminan comprometiendo su salud, bienestar, dignidad e incluso su vida. Además de las huellas físicas, pueden existir episodios de ansiedad, depresión e incluso ideas suicidas como producto de las diferentes manifestaciones de violencia que se intensifican en el marco del confinamiento. Las víctimas se ven obligadas a compartir el espacio con sus agresores durante largos períodos de tiempo y se limita su contacto con redes de apoyo con las que regularmente cuentan. 

Hacerle frente a esta realidad es responsabilidad de todas y todos y va más allás del hecho de tener alguna persona de la población LGBTIQ+ en nuestro entorno cercano. Esta responsabilidad implica reconocer que vivir una vida libre de violencia es un derecho que no discrimina condición alguna, más aún cuando el Estado ecuatoriano cuenta con un marco legal que garantiza y reconoce los derechos fundamentales. Es necesario apostarle a la organización y respuesta social para combatir la violencia.

Existen varias alternativas de ayuda cuando se trata de situaciones de violencia cometidas contra personas LGBTIQ+ durante este tiempo:

  • No guardar silencio es el primer paso. Todas las situaciones de violencia durante este tiempo pueden denunciarse a través del 911 y 1800 DELITO (1800 – 335486).
  • Es importante identificar instituciones del gobierno central o local, así como organizaciones de la sociedad civil que brindan servicios de atención directa a víctimas de violencia basada en género.
  • Si alguien se encuentra en riesgo, es importante mantener el contacto con esa persona para que se sienta acompañada y  activar las ayudas necesarias por si se produce algún episodio de violencia.
  • Es importante escuchar activamente y contener a alguien que ha vivido situaciones de violencia. En caso de que se requiera, es primordial canalizar ayuda profesional.
  • Tejer redes y alianzas con personas o colectivos que trabajen con temas de género y diversidad sexo-genérica aumentará  la capacidad de respuesta frente a situaciones de violencia.

En este tiempo donde se ha limitado el contacto social, es necesario activarnos desde la solidaridad y la empatía. Se debe reconocer a la diversidad como la riqueza más grande de nuestra sociedad y asumir nuestra corresponsabilidad a la hora de hacerle frente a esta “otra pandemia” llamada violencia de género.

Esta es una iniciativa que se realiza gracias a la Oficina de Población, Refugiados y Migración y a la Embajada de los Estados Unidos en Ecuador. Trabajamos con CARE Ecuador y Fundación Alas de Colibrí en el Proyecto Protección Multisectorial ante la Crisis Humanitaria.

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